Siria rezuma olores antiguos, olor a cuero curtido, a viaje con barriles de madera, el olor a té hirviendo, a calle abigarrada y estrecha. Cada país tiene su propio olor, de otra manera no seria un país, sino solo un lugar.
En el país se distinguen, de oeste a este, tres regiones: en el oeste se encuentra una llanura litoral, separada del interior por el Yabal Ansariyya, una doble cordillera en cuyo interior se abren diversos valles; el centro del país está formado por una accidentada meseta con varios picos volcánicos que está recorrida de noreste a suroeste por una cordillera en la que se distinguen diversas formaciones: Yabal Abd al-Aziz, Yabal Visir, Yabal Buwayda, Yabal Saar, Yabal al Sarqi y Yabal Garbi; la región del este está constituida por el valle del Éufrates. Este es el principal río que surca el país, que penetra por el norte y toma dirección sureste; también es importante su afluente Jabur y el Orontes en el oeste. En el extremo noreste la frontera con Turquía la forma el curso del Tigris. En la parte oeste del país el clima es mediterráneo, pero conforme se avanza hacia el este se vuelve más seco y caluroso. De sur a norte, en el tercio oeste del país, fluye el río Orontes. La población se concentra en los territorios situados en el oeste; la tasa de crecimiento vegetativo es muy alta. En cuanto a la economía, el país está en vías de desarrollo, aunque desde 1973, y debido a problemas políticos que le han hecho destinar parte de su presupuesto a gastos militares, la inflación ha frenado ese progreso. Su agricultura, favorecida desde 1978 por la construcción de la presa de Tabka, que permite regar amplias superficies, se dedica prioritariamente al cultivo de cereales, algodón, olivos y hortalizas. Cuenta con ganadería ovina, caprina y bovina. De su subsuelo se extrae asfalto, sal gema, petróleo, fosfatos y gas natural. La industria, también en desarrollo, es principalmente textil, alimentaria, cementera, de construcción y de refinado de petróleo. En los últimos tiempos algunos países, como Rumania o la República Federal de Alemania, han hecho inversiones en sus industrias azucareras, de cemento y de fosfatos y gas natural; las extracciones de petróleo, sin embargo, no han dado los resultados esperados.
La población siria es de 19.043.000 habitantes, y una densidad de 99 hab/km², que se concentra en su mayoría en territorios del oeste del país. La mayoría es de origen árabe (90,3 %).
La población se concentra en tres zonas geográficas: la franja litoral y sus relieves próximos, a lo largo del curso del río Éufrates y en la frontera norte con Turquía. El 51,8% de los sirios vive en núcleos urbanos. El crecimiento del sector industrial y el éxodo rural han comportado un rápido desarrollo de las ciudades. La más poblada es la capital Damasco, situada en la vertiente oriental de las montañas del Antilíbano. Le siguen en importancia Alepo, en el noroeste del país; Homs y Harna, a orillas del río Orontes; y Latakia, en la costa mediterránea. La cultura de Siria es producto de una perfecta mezcla de otras, y no se trata de una frase hecha, sino una realidad documentada. Los arqueólogos han descubierto escrituras y evidencias de una cultura que rivalizaba con la de Mesopotamia y de Egipto en la antigua ciudad de Ebla.
El idioma oficial, y predominante, es el árabe. En la parte oriental de Siria es el kurdo. En Alepo hay grupos que también hablan el armenio. Hablan el idioma turcomano los turcomanos que se establecieron en tiempos del Imperio Otomano, y siguen asentados allí en la actualidad. También se habla el arameo, en más de 30 pueblos. El idioma azerí es hablado por pequeños grupos en Homs, y Hama; este idioma se cree que se ha extinguido junto con algunas lenguas modernas como el lomavren, y el mlashö. También se habla en Siria el circasiano. Además, no es muy difícil encontrar hablantes del castellano, especialmente en las zonas del sur del país, desde donde ha ocurrido amplia emigración hacia países de América y Europa El Crac de los Caballeros, fue un castillo de los hospitalarios, construido por los cruzados sobre un espolón del desierto sirio con el fin de proteger la ruta que unía la ciudad siria de Homs (bajo dominio musulmán) con Trípoli (Líbano), capital del condado del mismo nombre, en la costa del Mediterráneo. La fortaleza original había sido construida por el emir de Alepo.